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Jan-Werner Mueller: ¿Pueden los movimientos renovar la democracia europea?

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Muchos esperaban que la gran historia política de 2017 sería el triunfo del populismo en Europa. Pero las cosas no salieron exactamente así. La historia predominante ha sido la de los autodenominados “movimientos”,   sustituyendo o remplazando a los partidos políticos tradicionales.

Consideren La République en Marche del presidente francés Emmanuel Macron, que barrió en las elecciones presidenciales y parlamentarias del país. O cómo Sebastian Kurz, de 31 años, ahora canciller de Austria, reconfiguró el conservador Partido Popular Austriaco (ÖVP) a su propia imagen.

En toda Europa, los votantes tienden a ver a los principales partidos políticos como únicamente interesados en si mismos ​​y hambrientos de poder. En el mundo en desarrollo, los partidos con pedigrí bien establecidos como el Congreso Nacional Africano (ANC) en Sudáfrica son ampliamente considerados como corruptos.

En muchos casos, los partidos tradicionales se han convertido en “cárteles“: usan los recursos del estado para mantenerse en el poder y trabajan juntos para mantener alejados a quienes los retan, dejando a un lado sus diferencias políticas.

Los votantes jóvenes en particular parecen hartos de la política tradicional de partido. Como bromeó  Oscar Wilde, el problema con el socialismo es que exige demasiadas reuniones. Así que no es sorprendente que las experiencias políticas más innovadoras de Europa en los últimos tiempos hayan surgido de las protestas en las calles y de las asambleas de masas que evitan la jerarquía de la política dominante.

El izquierdista Podemos  se formó en España  después de las manifestaciones masivas de los indignados,  en 2011. El movimiento populista Cinque Stelle (M5S), en Italia, que encabezó las elecciones parlamentarias de 2013 y probablemente lo hará nuevamente en 2018, surgió de los mítines organizados por el comediante Beppe Grillo. Critica ‘la casta‘, la casta  de políticos y periodistas profesionales que dirige el país.

Sin embargo, algo sucede entre las protestas callejeras originales y el éxito de estos movimientos en las urnas. Mientras afirman rechazar la jerarquía y promover la democracia participativa, sus líderes carismáticos están concentrando cada vez más poder en sus propias manos. El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, ha sido criticado por su “hiper-liderazgo” y su “leninismo en línea“.

Grillo no tiene ningún cargo oficial en el M5S, que se presenta a sí mismo como una “no asociación“. Pero posee el blog que ha sido clave para el éxito del movimiento, así como los derechos de autor de su símbolo oficial. Y los que se postulan para un cargo bajo la sigla M5S deben firmar un contrato con la promesa de pagar multas si violan los principios del partido.

Por supuesto, los movimientos políticos no son siempre de naturaleza populista. Como han mostrado los movimientos verdes y feministas, los movimientos puede cuestionar las formas tradicionales de política sin pretender representar a “la gente real” o la “mayoría silenciosa“.

Pero los movimientos políticos actuales  tienden a ser menos pluralistas que los grandes partidos que han dominado la política europea de la posguerra. Esto tiene sentido, dado que “movimiento” implica no solo dinamismo, sino también una presunción de que todos los miembros están completamente de acuerdo sobre el camino a seguir.

El problema es que cuando todos en principio ya están de acuerdo sobre hacia dónde se dirigen, parece que no hay necesidad de una extensa deliberación democrática. Los movimientos que han surgido en Europa en los últimos años, tanto en la izquierda como en la derecha, se han centrado en fortalecer a sus respectivos líderes individuales, en lugar de empoderar a la base.

Tanto Macron como Kurz han aprovechado el sentido de dinamismo y propósito que generalmente caracteriza las políticas de un solo objetivo (single-issue politics).

Kurz ha doblegado  el ÖVP a su voluntad. Además de darle un nuevo nombre, ha reorganizado sus estructuras internas y ha cambiado su color oficial de negro a turquesa. Pero las políticas conservadoras del partido apenas han cambiado. Kurz simplemente ha ideado una mejor estrategia de marketing y ha afirmado su autoridad personal.

Podemos, La République En Marche!, y Momentum –  los corbynitas  dentro del partido laborista británico – son importantes no por su estatus de “movimiento“, sino porque brindan más opciones políticas a los ciudadanos, especialmente a aquellos que se sienten frustrados por la política dominada por los mismos viejos partidos.

En el caso de Corbyn, la política del movimiento podría restablecer las credenciales progresistas del partido laborista y revertir lo que muchos consideraron una aceptación de las políticas neoliberales por parte del ex primer ministro Tony Blair.

Pero sería ingenuo pensar que los movimientos por sí solos harán que la política europea sea más democrática. En el peor de los casos, podrían funcionar incluso menos democráticamente que los partidos tradicionales, debido a sus fuertes características de liderazgo plebiscitario.

Jan-Werner Mueller es profesor de la Universidad de Princeton. Su último libro es What is Populism?

International Politics and Society

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