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Jean-Jacques Kourliandsky: ¿Brasil es aún un Estado de derecho después de la condena de Lula?

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Mientras el ex presidente Lula, candidato a las próximas elecciones presidenciales de octubre de  2018, era condenado en apelación el 24 de enero de 2018, Jean-Jacques Kourliandsky, director del  “Observatoire de l’Amérique latine” de la Fundación Jean Jaurès, habló sobre el tema, antes de la sentencia, con el diario brasileño  Folha de Sao Paulo.

Rodrigo Vizeu: Usted ha criticado en diferentes artículos al juez Sergio Moro y al sistema judicial brasileño en general. ¿Qué se puede esperar del segundo juicio de Lula en Porto Alegre el 24 de enero?

Jean-Jacques Kourliandsky: Lo que se dilucida en este juicio de apelación del ex presidente Lula da Silva, también candidato a las elecciones presidenciales de octubre de 2018, es paradójico, pero en coherencia con la evolución del funcionamiento de las instituciones brasileñas. La justicia actúa cada vez más en un terreno que no debería ser el suyo, el de la política. Las razones son muchas y van más allá del marco de esta entrevista. Pero es obvio que el propósito de este juicio no es confirmar o refutar la culpabilidad de Lula da Silva. Es  permitir o evitar la candidatura presidencial de quien en enero de 2018 es el mejor colocado en las urnas para ganar la consulta del próximo mes de octubre.

Rodrigo Vizeu: ¿Hasta qué punto es posible hablar de un contexto judicial politizado si una posible condena de Lula es decidida no por un solo juez, sino por un grupo de jueces en otro tribunal?

Jean-Jacques Kourliandsky: No entiendo muy bien el significado de su pregunta. El juicio en apelación de Porto Alegre responde al funcionamiento actual del sistema judicial brasileño. Es lo que es. Cambiarlo, modificarlo requeriría reformas que requieren el voto del Parlamento. Esto parece altamente improbable en el contexto actual. La mayoría parlamentaria actual articula su modo de acción sobre el de la justicia o de algunos jueces para preservar su hegemonía política. Se puede cuestionar efectivamente la imparcialidad y el sentido de la justicia de un tribunal federal, el de Porto Alegre, cuyo presidente anuncia públicamente, antes del juicio, el carácter en su opinión “irrevocablede la sentencia pronunciada en primera instancia. Corresponderá a una posible nueva mayoría, resultante de otras elecciones, enderezar la democracia y la justicia brasileñas.

Rodrigo Vizeu: Algunos analistas cuestionan la posibilidad de que un reducido grupo de jueces pueda decidir el destino de un ciudadano colocado a la cabeza de los sondeos. ¿Que piensa de ello?

Jean-Jacques Kourliandsky: lo remito a mis respuestas anteriores. En un sistema democrático basado en un equilibrio entre los tres poderes, legislativo, ejecutivo y judicial, todos deben ocupar el lugar que les corresponde. Ni más ni menos. Actualmente, en Brasil, éste ya no es el caso. El juez ha entrado en  el campo del legislativo y del ejecutivo. Hace política y por lo tanto hace coorrer un riesgo mortal a la democracia. La judicialización de la política es una profunda regresión a las formas de gobierno prerrepublicanas. El juez dicta las normas y las interpreta a su manera. Violar la Constitución procediendo a escuchas no autorizadas, enviar a la policía a recoger a un acusado a las seis de la mañana, en presencia de la prensa, y sin haberlo convocado previamente, encarcelando a los acusados ​​para obligarlos a denunciar a otras personas , anunciar una sentencia antes de un juicio, o condenar sin pruebas y a partir de la denuncia de un criminal, son algunas de las múltiples derivas  preocupantes para el futuro de la democracia brasileña.

Rodrigo Vizeu: ¿En qué medida el destino legal de los ciudadanos debe decidirse no por las instituciones formales, sino por la voluntad popular?

Jean-Jacques Kourliandsky: La pregunta que usted hace, en un verdadero sistema democrático, no se plantea. La judicialización de la política brasileña ha creado una situación crítica. Perturba, afecta y finalmente ataca seriamente el funcionamiento de las instituciones y la expresión de la voluntad popular. La consecuencia de este impasse es distorsionar la democracia y la confianza de los ciudadanos. La tremenda expansión del crimen,de su brutal represión policial y de las iglesias evangélicas pentecostales son el claro reflejo de esta crisis de la democracia.

Rodrigo Vizeu: ¿Qué se puede esperar de las elecciones presidenciales de 2018?

Jean-Jacques Kourliandsky: Los jueces de Porto Alegre tienen la llave. Si al candidato progresista más popular, Luis Inácio Lula da Silva, se le prohibe la candidatura,se falsea la consulta. Los opositores neoliberales al PT, desde la destitución político-judicial de la presidenta Dilma Rousseff,  no han logrado encontrar un candidato presentable y creíble. Esto deja abierto, como en la Alemania de 1933, un espacio para los aventureros de extrema derecha, “seguritarios” y evangelistas.

Fondation Jean Jaurès

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