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Raimon Obiols: Jeff Koons, Anne Hidalgo, el rey en Davos

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Miércoles, 24 de enero de 2018

* «No queremos el “regalo” de Jeff Koons», se exclaman Frédéric Mitterrand, Olivier Assayas y veinte más, en una tribuna colectiva publicada hace un par de días  en Libération. Se oponen a que se instale una obra “monumental” (12 metros de altura de bronce policromado, acero y aluminio), de Jeff Koons,  delante del Museo de Arte Moderno y del Palacio de Tokio, en París.  Dicen que Koonsse ha convertido en el símbolo de un arte industrial, espectacular y especulativo” y que “su taller y sus marchantes son hoy multinacionales del  hiperlujo”.

* Al cumplirse un año de los terribles atentados de París, Koons anunció a bombo y platillo que “regalaba” su obra  (“Bouquet of tulips“) a la ciudad de Paris, como un “símbolo de recuerdo”.  A mí me pareció que se trataba de una triste operación de mercadotecnia a lo bestia, pero admito que mi opinión estaba marcada por un prejuicio radical e inmodificable: en materia de arte contemporáneo, Jeff Koons y Damien Hirst son mis bestias negras.

*   En el momento en que Koons anunció su óbolo, Anne Hidalgo, a la que admiro mucho, dijo (o algun asesor le hizo decir) lo siguiente: “Que este inmenso artista decida ofrecer a la ciudad de París la idea original de una obra monumental, que simboliza la generosidad y el gesto de compartir, es un testimonio del compromiso imperecedero entre nuestra capital y los Estados Unidos“.

*   ¿Que hubieran dicho  en su lugar Manuela Carmena o Ada Colau? No me atrevería a pronosticarlo. ¿Qué hubiera dicho yo, en el imposible caso de ser alcalde de París? Probablemente, hélas, más o menos lo mismo que Anne Hidalgo, ahorrándome lo de “inmenso artista“.  ¿Quién se mete en berenjenales, cuando uno sabe que entra en el terreno minado de las millonadas asociadas a  “prestigios” como el de Koons (por no hablar de Louis Vuitton)?

*    Llegados a este punto, los pomposos invocarían a Weber y su distinción entre la ética de las responsabilidades y la de las convicciones;  distinción cada vez más complicada.  Por ejemplo: ahora se dice que el regalo de Koons no era tal, sino que costará unos 3,5 millones de euros,  pagados en parte por “mecenas” (de cuyo amor al arte es legítimo  dudar), y, en un 60 %, por el Estado francés.

*   Ya lo dijo alguien: no hay que mirar el dedo sino la luna. El problema no es Jeff Koons: “Es absurdo criticar su cínica explotación del crédulo mercado del arte, porque ésta es exactamente su intención. Es inútil maldecirlo por su vacuidad, porque se sentiría halagado“, decía un crítico británico, Stephen Bailey, y no puedo estar más de acuerdo. El problema es la inquietante universalización de la estupidez, del mal gusto y de la más obscena codícia especuladora, que, entre otras cosas importantes, está fagocitando también las artes plásticas de nuestro tiempo.

 

Jueves, 25 de enero de 2018

*   El rey Felipe VI estuvo ayer en Davos. Recalcó la “importancia duradera del espíritu de entendimiento y solidaridad” que permitió a España “embarcarse en un camino de paz, libertad y prosperidad” como nunca antes en su historia. Y añadió que “las desavenencias y disputas políticas deben discutirse en el marco de la Constitución, que no es algo ornamental, sino el pilar fundamental de nuestra coexistencia democrática y merece el mayor respeto“.

*   Pero ¿qué demonios hacía el monarca en Davos? Tiene razón Javier Pérez Royo en su artículo de hoy en ElDiario.es cuando dice que, precisamente porque la Constitución no es un adorno, el monarca no debía participar en este encuentro. Yo no haría mío el título de este artículo (“El rey en Davos: una vergüenza nacional), que me parece notoriamente excesivo, pero creo que la presencia del rey  en Davos ha sido un error no menos notorio, y  que sus referencias a la crisis hispanocatalana han sido contraproducentes.

*   Poincaré cita en  sus memorias unas palabras de Georges Clemenceau, referidas al bisabuelo de Felipe VI: “Con Cataluña, el rey tiene por delante un largo futuro y un reinado feliz. Sin ella o contra ella, será la anarquía“. Dichas exactamente hace un siglo, resuenan con una extraña actualidad. El pronóstico de Clemenceau sobre Alfonso XIII se confirmó al cabo de trece años. Qué pasará en España en este lapso de tiempo nadie lo sabe. Pero es  posible que España se enfrente a  una crisis de régimen si la cuestión catalana no halla una vía de solución y hace metástasis.

*   Edgar Morin escribe hoy  en  Twitter una cosa cierta,  que viene  como anillo al dedo  al actual pleito Cataluña-España: “Por encima de un cierto umbral de radicalización de un conflicto, todo se hace irreparable, incontrolable, inexpiable“.

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