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Michel Aglietta, Paul Magnette, Thomas Piketty, Ruth Rubio Marín: Democratizar Europa empieza por el BCE

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Mientras tenemos la vista puesta en las interminables vicisitudes de la coalición alemana, se desarrolla en Bruselas, entre la mayor indiferencia, una obra no menos decisiva. El 22 de enero y el 19 de febrero, en el secreto de las reuniones de los ministerios de Hacienda del Eurogrupo,  se pone en marcha el primer acto de la renovación en profundidad del directorio del Banco Central Europeo, con la sustitución de Vitor Constancio , el actual vicepresidente.  En los próximos dos años, no menos de cuatro de los seis miembros del órgano ejecutivo del BCE, incluido Mario Draghi, deben ser reemplazados.

Todo indica que el futuro de las políticas económicas, fiscales y, por supuesto, monetarias de los estados de la zona del euro se está jugando en esta serie de nombramientos. Porque el BCE de 2018 tiene poco  que ver con el que, en sus comienzos, vivía días relativamente tranquilos en la periferia de la política europea, protegido por su estatuto de independencia. Erigido por los gobiernos y los mercados financieros en  recurso institucional, el BCE ingresó en la cabina de mando de la UE a raíz de la crisis económica y financiera de 2008.

Tanto si pesa sobre las condiciones en que los Estados financian su deuda en los mercados, como si sugiere la adopción del tratado fiscal que le da su nombre ( Fiscal Compact), o si  apercibe por correo a los jefes de gobierno Italiano o irlandés para comprometer sin demora un paquete de reformas fuertes o si interviene directamente en el curso de las negociaciones políticas de la crisis griega de la primavera de 2015 por el control del acceso a las liquidez, es siempre  como “cogobernante “de la zona del euro que actúa el BCE.

Después de una década de crisis, el BCE no tiene nada que ver con la institución trazada por los tratados, centrada en el objetivo sacrosanto de la estabilidad de los precios: se ha impuesto, con previsiones al apoyo, en “chief economist”  de la zona  euro; ha adquirido un poder ejecutivo a través de la “troika” (con la Comisión europea y el FMI), que define y garantiza la implementación de memorandos en los países “asistidos“; está en el centro de las cumbres de la eurozona y del eurogrupo que coordinan las economías nacionales; se ha convertido en el regulador del mundo bancario, ejerciendo un derecho de vida y muerte en los bancos más grandes de la zona del euro; se ha erigido  en reformador que participa en las coaliciones que se forman en torno a la prioridad dada a las “reformas estructurales” (mercado laboral), a la “competitividad” (política salarial restrictiva), etc. ; puede hablar en pie de igualdad con los otros cuatro “presidentes” de la Unión (los de la Comisión, el Consejo europeo y el Eurogrupo, a los que tardíamente se añadió al Parlamento europeo) cuando se trata de dibujar el futuro político e institucional del gobierno de la zona del euro, etc.

Un velo de ignorancia

Pero todo está sucediendo como si se fuera a proceder rutinariamente al enésimo nombramiento  técnico. Mientras que se trata de una oportunidad escasa de pesar en este polo crucial del gobierno de la zona del euro, aunque se hace todo lo posible para mantener esta opción fuera del espacio público. Por un lado, los ministros de hacienda se cuidan de no informar a sus parlamentos nacionales sobre lo que pretenden defender en Bruselas; por otro, el Eurogrupo, una institución apenas reconocida por los Tratados europeos pero que de hecho es el lugar de decisión en esta área, no está sujeto a ninguna forma de control político. Como suele ser el caso, el Parlamento Europeo, que escuchará al candidato elegido, llegará después de la batalla, una vez que se hayan completado las negociaciones y se haya llegado a los compromisos, para dar su opinión … consultiva.

Sin embargo, no faltan las cuestiones abiertas sobre el futuro de las políticas del BCE y el papel que pretende desempeñar: ¿cuál será el objetivo de su política monetaria cuando la inflación haya desaparecido? ¿Qué apoyo tiene la intención de dar a las políticas de la Unión (particularmente a las sociales o medioambientales)? ¿Qué efectos redistributivos tienen las políticas del BCE? ¿Qué posición adopta ante la reforma del gobierno de la zona del euro? ¿Qué compromisos establece con el Parlamento Europeo y los parlamentos nacionales? ¿Qué papel da a los interlocutores sociales? ¿Qué política de prevención de conflictos de intereses para el regulador bancario? No hay duda de que la respuesta a estas cuestiones determinará el curso del gobierno de la zona euro. Hay que audicionar a los candidatos previamente, conocer sus respuestas y discutirlas.

Los mercados financieros y los gobiernos parecen estar satisfechos con esta situación y colocan un púdico velo de ignorancia sobre este proceso de nominación. Y las señales provenientes de Bruselas no son tranquilizadoras, lo que hace pensar que España, estimando llegado su turno, propondrá, el 22 de enero, a la vicepresidencia del BCE, a su actual Ministro de Economía, Luis de Guindos, una de cuyas principales hazañas es haber sido el presidente ejecutivo para España y Portugal del banco de inversión estadounidense Lehman Brothers en el período de la crisis financiera …

Sillas musicales
Oficialmente, el Eurogrupo puede contentarse con una simple opinión consultiva del Parlamento Europeo. Pero nada obliga, sin embargo, a que este proceso de nominación permanezca así, a puerta cerrada, y se juegue así de nuevo, una vez más, a la manera del juego de sillas musicales europeas. A falta de disponer de la Asamblea parlamentaria de la zona del euro preconizada en la propuesta de  tratado de democratización de la zona  euro (T-Dem), una de cuyas  funciones consistiría precisamente en esta supervisión política de los nombramientos de miembros del gobierno del BCE, nada impide que los ministros de hacienda hagan públicos los criterios políticos que subyacen a sus preferencias para tal o cual candidato, así como  sobre las condiciones que pretenden plantearles.Nada impide que diversos candidatos, incluido a Presidente, se presenten públicamente en los próximos meses, para ser escuchado antes de las representaciones nacionales y para expresar sus compromisos. Y nada impide, por último,  que el Parlamento Europeo condicione su participación en el procedimiento de nombramiento a que se respeten  estos requisitos políticos mínimos. Es la condición para que los partidos, los sindicatos y las ONG europeos encuentren su camino e influyan en las políticas económicas, fiscales y monetarias que pueden aplicarse en el futuro en la zona del euro. Sería un primer paso, modesto, pero real, hacia la democratización de Europa.

En Atenas, en septiembre de 2017, Emmanuel Macron apeló enfáticamente a Europa “a la democracia, la controversia, el debate, la construcción por el pensamiento crítico y el diálogo“. Ha llegado el momento de acordar los actos a los discursos.

Primeros firmante: Sébastien Adalid, juriste, professeur à l’université du Havre ; Michel Aglietta, économiste, chercheur au Centre d’études prospectives et d’informations internationales (Cepii) ; Loïc Blondiaux, politiste, professeur à l’université Paris-I ; Peter Bofinger, économiste, professeur à l’université de Würzburg ; Julia Cagé, économiste, professeure à Sciences Po Paris ; Amandine Crespy, politiste, professeure à l’Université libre de Bruxelles ; Anne-Laure Delatte, économiste, directrice de recherche au CNRS ; Bastien François, politiste, professeur à l’université Paris-I ; Ulrike Guérot, politiste, professeure à l’université du Danube ; Stéphanie Hennette, juriste, professeure à l’université Paris-Nanterre ; Justine Lacroix, politiste, professeure à l’Université libre de Bruxelles ; Frédéric Lebaron, sociologue, professeur à l’ENS Cachan ; Rémi Lefebvre, politiste, professeur à l’université Lille-II ; Ulrike Liebert, politiste, professeure à l’Université de Brême ; Nicolas Leron, politiste, chercheur à Sciences Po Paris ; Paul Magnette, politiste, maire de Charleroi ; Francesco Martucci, juriste, professeur à l’université Paris-II ; Thomas Piketty, économiste, directeur d’études à l’Ecole des hautes études en sciences sociales ; Ruth Rubio Marin, professeure de droit, université de Séville ; Guillaume Sacriste, politiste, maître de conférences à l’université Paris-I ; Francesco Saraceno, économiste, chercheur à l’Observatoire français des conjonctures économiques (OFCE) ; Frédéric Sawicki, politiste, professeur à l’université Paris-I ; Laurence Scialom, économiste, professeure à l’université Paris-Nanterre ; Xavier Timbeau, économiste, directeur principal de l’OFCE ; Antoine Vauchez, politiste, directeur de recherche au CNRS.
Le Monde

Una respuesta a Michel Aglietta, Paul Magnette, Thomas Piketty, Ruth Rubio Marín: Democratizar Europa empieza por el BCE

  1. Irene Balaguer 30 de enero de 2018 a 0:02

    Com és possible que els eurodiputats no ens informin d’una questió tant important

    Responder

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