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Miquel Iceta: “La solución pasa primero por un gran pacto en Catalunya”

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Tras las elecciones del 21-D, Miquel Iceta propuso formar un gobierno de concentración. La respuesta que obtuvo fue la del silencio y rechazo, incluso la mofa. Aun así el primer secretario del PSC mantiene que la solución a la crisis catalana pasa, primero, por un gran pacto entre catalanes y empezar a tejer desde nuevos consensos. Después abrir un diálogo con Madrid. Dos detalles de su despacho: sobre la mesa, Notes de l’Estranya Campanya, el dietario de Raimon Obiols de la contienda del 21-D. Y en su estantería repleta de volúmenes, L’Energie du Changement, el libro con el que Manuel Valls se presentó a las primarias del Partido Socialista Francés en 2011.

Catalunya, España, ¿cuál es la salida de este laberinto?

Con un acuerdo. Primero entre catalanes. Muchas veces se reduce la cuestión a un conflicto entre Catalunya y el conjunto de España pero lo cierto es que en el seno de la sociedad catalana no hay un consenso sobre hacia dónde queremos avanzar. Medio país quiere la independencia y el otro no. Nuestra obligación es ponernos de acuerdo aquí. Quiero recordar que cuando en el 1979 y 2006 reformamos el Estatut previmos que toda reforma tenía que contar como mínimo con el apoyo de dos tercios del Parlament.

La obligación de unas mayorías cualificadas…

Queríamos garantizar que la mayoría en la que se sustentara cualquier reforma o propuesta era suficientemente amplia. Por lo tanto es una obligación ponernos de acuerdo entre todos en Catalunya para después negociar con el conjunto de España unas reformas de calado.

Largo me lo fiais, le podrían decir los independentistas…

Mientras se llega a ese acuerdo se pueden hacer muchas cosas. Me extraña que ahora que se empieza a mover la cuestión de la nueva financiación autonómica nadie hable en nombre de Catalunya y nadie desde aquí haga una propuesta, ni tenga interés en participar.

La fractura entre catalanes tras el 1-O es política, pero también sentimental…

Debemos aprender a respetar las posiciones diferentes, que esto no es una batalla entre el bien y el mal. El acuerdo que pido no es exclusivamente político, implica también consensos muy amplios de cómo nos identificamos, cómo nos definimos, cómo nos proyectamos hacia el exterior, qué país queremos construir… Y eso requiere una conexión social que ahora no se produce. El conflicto vivido ha sido muy grave y el independentismo al apretar el acelerador ha provocado que haya gente que se esté alejando incluso del catalanismo. Corremos el riesgo de retroceder en cuestiones aceptadas durante años sin excesivos problemas.

¿Los hechos de otoño han acabado con los consensos que se forjaron en la Catalunya pujoliana? ¿El catalanismo, como se entendía hasta ahora, ha muerto?

No. El otro día en Sant Jordi un chico me preguntó qué era para mi el catalanismo, y le dije que un sentimiento de amor a una cultura, unas tradiciones, las ganas de mejorar una sociedad. El catalanismo tenía unos ejes que siguen siendo vigentes: avanzar desde la unidad, intentar liderar las reformas de España, compromiso con la lengua y la cultura, una defensa clara del autogobierno, mirada hacia Europa…

El clima en el Parlament no parece el más propicio para un pacto…

Nosotros no hemos conseguido establecer aún una relación normalizada con el grupo de Junts per Catalunya, como sí la tenemos con el PDCat y ERC.

¿No le saludan por los pasillos como ha dicho Arrimadas que hacen con los diputados de Ciutadans?

Bueno, sí. Saludar, saludan, pero hablar de cosas cuesta mucho. Sin el respeto a las posiciones diferentes difícilmente avanzaremos y solucionaremos un problema que, en el fondo, es político.

De entrada, su propuesta de un gobierno de concentración cayó en saco roto…

El independentismo dice que hay una mayoría que tiene derecho a gobernar. Ahora bien, quizá debería plantearse que las condiciones en Catalunya no son las de una situación política normal y requieren soluciones políticas algo más arriesgadas y excepcionales.

¿Habrá gobierno independentista o elecciones en julio?

No lo sé. Lo que sí sé es que en el mundo independentista es muy mayoritaria la posición de formar gobierno. La incógnita está en Puigdemont, que es la persona que puede facilitar o dificultar la formación de un gobierno.

Si el independentismo propone un candidato alternativo, ¿se podrían plantear una abstención como un gesto simbólico para salir de esa dialéctica de bloques?

Nosotros ya dijimos en las elecciones que no votaríamos a un presidente independentista. Debemos cumplir con ese compromiso electoral. El programa con el que se presentaron JxCat y ERC no lo podemos apoyar, no reconocemos que haya un espacio libre en Bruselas y una doble legitimidad. Sí podemos apoyar unos presupuestos u otras iniciativas gubernamentales.

¿Se siente cómodo con la aplicación que está haciendo el Gobierno del 155?

Sí, no ha habido un cambio de las políticas públicas. Lo que lamento es que se esté alargando por la falta de acuerdo independentista. Estaría bien preguntar a todos los secretarios generales de la Generalitat, porque quien tiene la responsabilidad política es el Gobierno de España pero el día a día, el sottogoverno, es el mismo que había. Y no hemos escuchado a nadie diciendo que las cosas son terribles e insoportables.

¿Mantiene vías de diálogo con el Gobierno central?

Si, siempre las hemos mantenido. Es algo obligado. Todos somos conscientes que la solución al problema implicará una negociación y un acuerdo con las instituciones españolas.

¿Ese diálogo incluye la situación de los políticos que están en prisión preventiva?

Vivimos en un sistema de separación de poderes y a veces se pide a los partidos cosas que no dependen de ellos. La aplicación de las leyes las deciden los tribunales. El PSC insistió mucho tiempo en que tendría consecuencias muy graves sacar a las instituciones de la legalidad, desgraciadamente el tiempo nos ha dado la razón. Lástima que no nos hicieran caso. Convocar elecciones en octubre hubiera evitado la declaración unilateral.

Una de las acusaciones del independentismo al Estado es que no existe tal separación de poderes…

En los últimos meses hemos tenido evidencias de lo contrario. Por ejemplo, la Fiscalía pidió la libertad condicional de Joaquim Forn y el tribunal la rechazó; hemos visto también como el TC ha tomado tres decisiones contrarias a la posición del Gobierno sobre la Lomce en referencia a la enseñanza de la lengua en las escuelas catalanas.

En varios de los libros aparecidos recientemente sobre los hechos de octubre, dicen que Puigdemont le acusa de haberlo engañado en la negociación…

Nosotros dijimos que la vía era convocar elecciones, lo que nos permitía poner el contador a cero y buscar después soluciones políticas. Es verdad que Puigdemont pidió que les facilitáramos garantías de que esto sería sí, pero quien podía era el Gobierno de España, no nosotros.

¿El PSC se siente abandonado por el PSOE? Hay quien reprocha a Pedro Sánchez rehuir la cuestión catalana…

El PSOE es el único partido español que tiene una propuesta para superar el problema, recogida en la declaración de Barcelona del verano de 2017. Pero el PSOE está también en la oposición en España. La solución se parecerá más en lo que hemos propuesto los socialistas que a otras que, desgraciadamente, no han sido muchas.

Haga autocrítica, ¿qué parte de culpa tiene el PSC en esta crisis? Ustedes han gobernado años en la Generalitat y los principales ayuntamientos…

Seguramente que hicimos cosas mal, como que acabara mal la vía estatutaria a través de la sentencia. Ahora bien, eso era en julio de 2010 y nosotros dejamos el Govern en octubre de 2010, así que realmente no pudimos dirigir el camino después de aquella sentencia. Después hemos estado haciendo propuestas para evitar que se avanzara por la vía unilateral.

El hecho de que algunos de los feudos tradicionales vuestros no le hace reflexionar o considera que es una de las consecuencias de la coyuntura catalana…

Se mezclan muchas cosas. Primero, se habla del cinturón metropolitano pero en las elecciones de 2015 Ciutadans nos adelantó en todos los municipios menos en Cornellà y Santa Coloma. Y en 2017 en esas dos ciudades también. No es un fenómeno de ahora y viene marcado por diferentes condiciones.

¿Por ejemplo?

Las dificultades del gobierno socialista para hacer frente a la crisis económica de 2018; dos, el fracaso de la vía estatutaria a partir de 2010; la polarización de independencia sí o no; un gobierno de España que desde el año 2012 no ha abierto un escenario de diálogo y negociación.

Manuel Valls, un exsocialista que ha participado incluso en actos del PSC, puede ser el candidato de Cs para Barcelona, ¿preocupado?

Es una decisión personal que, la acabe tomando o no, demuestra que ser alcalde de Barcelona es algo muy importante. No obstante, si se presenta igual vemos que su candidatura no es tan positiva como algunos dicen, ya que podría propiciar una lista conjunta del independentismo. Algo que sería contraproducente para Barcelona.

Valls ha dicho que los partidos socialistas ya no pueden responder a las exigencias y demandas del siglo XXI.

En ese debate europeo sobre hacia donde se debe dirigir la socialdemocracia, ¿usted prefiere la vía de Macron o de Corbyn?

De Pedro Sánchez. Cada país tiene su historia y cultura política, pero si tuviera que elegir me quedo con Corbyn, quien ha creado un movimiento social llamado Momentum que ha permitido que mucha gente joven en el Reino Unido que no había participado en política lo haya podido hacer; la política de Macron en Francia está demasiado desviada hacia sectores acomodados. Una política que reduce las desigualdades siempre será infinitamente mejor que la que la aumenta.

La dicotomía entre deuda pública y desigualdad social…

Europa deberá reconocer en algún momento que una reducción muy dogmática del déficit provoca unas desigualdades sociales insoportables. La política o sirve para que la gente viva mejor o no sirve para nada.

Entrrvista de Iñaki Ellakuría

La Vanguardia

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