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Raimon Obiols: Entre lo obsceno y lo grotesco

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 *   Carles Puigdemont se encontraba ayer en un bar de Copenhague  cuando se le acercó un ciudadano español, que ejerce de peluquero en la capital danesa,  y le pidió besar la bandera española: “Te librarás de la ley de momento” le dijo, “pero de besar la bandera española no. Cógela y dale un besito, por favor“. Puigdemont accedió: “Ningún problema“.

*    Estamos entre lo obsceno y lo grotesco. En Incierta gloria, la novela de Joan Sales, uno de los protagonistas exclama: “Nuestra época, que es imbécil y extraordinaria, ha querido rasgar los velos que cubrían la muerte y el engendramiento, lo obsceno y lo macabro “. La situación actual, en Cataluña y en España, una época que también podría ser tachada de “imbécil y extraordinaria“, se mueve entre lo obsceno y lo grotesco. Algo hemos progresado.

* Lo que para unos es una obscenidad imperdonable, para otros es sagrado e intocable. Empezando por los fundamentos. España es la nación más antigua de Europa“, alardea el señor Rajoy, mientras el señor Puigdemont clama que “Cataluña es una nación milenaria“. No habría problema si no fuera por el hecho de que millones de personas  comparten estas presunciones, y con las vísceras. Lo que para unos es palabra divina, por  otros es un insoportable anatema, y viceversa. Los responsables políticos, intelectuales y mediáticos, en vez de excitar estas aparentes incompatibilidades, esencialistas y sentimentales, deberían tratar de pacificarlas y superarlas. Muchos hacen precisamente  lo opuesto, con aparente entusiasmo, y a beneficio de inventario.

*   En cuanto a lo grotesco de la situación, los ejemplos y anécdotas saltan a los ojos. Que no se me interprete mal: el momento es grave y no quiero trivializarlo. Lo que sucede es, para mucha gente, un trauma colectivo y personal. Ello no evita que lo grotesco de la situación sea indisimulable. Tal vez cabría añadir: cuánto más grotesco, más traumático.

*   El mismo trasfondo de la confrontación resulta grotesco. Porque los unos sabían que la declaración de independencia no se implementaría ni tendría un efecto real, y los otros también lo sabían. Los unos sabían que los otros  lo sabían; y los otros sabían que los unos sabían que ellos lo sabían. Este quid pro quo ¿no produce una sensación de comedia de enredo, de vodevil? Por no hablar de aquel intercambio epistolar entre Rajoy y Puigdemont, que obligó a periodistas y políticos a tantas exégesis talmúdicas.

*   ¿O la increíble inconsciencia de gente de la que cabía esperar un mínimo de responsabilidad? Cuando leí este mensaje en twitter: “Si declaramos la República no será posible aplicar el 155 porque ya no formaremos parte de España. Sigamos nuestro camino. ¡Viva Cataluña libre! “, estuve a punto de caerme, víctima de un síncope de vergüenza ajena. Su autora es una antigua presidenta del Parlamento de Cataluña.

*    En la otra orilla tampoco escasea el  espectáculo. ¡Cuántos patriotas ofendidos! ¡Cuánta profusión simétrica de banderío! ¡Cuántos torrentes de saliva, cuántas declaraciones solemnes, cuántos editoriales sesudos, cuántos artículos pontificando sobre Cataluña, cuánta gente apelando a la guerra santa! ¡Cuánta emulación entre el PP y Ciudadanos, a ver quién saca mejor  tajada de la defensa de la patria!

* El mismo día en que la señora de Cospedal, ministra de defensa, decía que “posiblemente se debería haber actuado de otro modo en Cataluña“, por desgracia sin ulteriores concreciones, la señora Sáenz de Santamaría se desahogaba a la hora del café, después de un almuerzo electoral en Gerona, preguntando y respondiendo retóricamente: ““¿Quién ha hecho que hoy por hoy ERC, Junts per Catalunya y el resto de independentistas no tengan líderes porque están descabezados? Mariano Rajoy y el PP“. ¡Ah! Pero ¿no decían que éste era un asunto en manos del juez Pablo Llerena

*   No sigamos. Estamos en un espectáculo grotesco, aunque se viva con  estupor, disgusto y sufrimiento. La situación es grave, pero grotesca. Por desgracia, son cosas compatibles.

 

 

2 Respuestas a Raimon Obiols: Entre lo obsceno y lo grotesco

  1. Toni Bisbal 29 de enero de 2018 a 21:34

    És realment un moment molt trist!!

    Responder
  2. Irene Balaguer 29 de enero de 2018 a 23:50

    Gràcies Raimon, som molts els que necesitem que escriguis.

    Responder

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