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Raimon Obiols: Julio Rodríguez, distopía haitiana, “felicidad pública”

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*   No hay nadie en la política española que me haya despertado tanta curiosidad  como Julio Rodríguez, que hace unas semanas disputó unas  primarias para liderar Podemos en Madrid. Me alegró que ganara. Me hubiera gustado pedirle por él a Carme Chacón, que fue ministra de defensa cuando Rodríguez era jefe del estado mayor de la defensa (JEMAD). Pero no llegué a tiempo. ¡Qué tristeza, la pérdida de Carme Chacón

 *  No me dirán que la trayectoria de Julio Rodríguez no sea extraordinaria y despierte curiosidad. Hace poco leí un texto, “25 cosas que no sabías de Julio Rodríguez“, donde decía que el viaje que más le había impactado fue una misión en Haití, tras el terremoto de 2010. Antes de aquella catástrofe yo había estado alló un par de veces; las suficientes para entender a Rodríguez. Antes del terremoto, Haití ya era un infierno. Cité Soleil, Cité Cartron: ¿cuántos cientos de miles de personas viven allí, sin agua, sin luz, sin cloacas? En Puerto Príncipe vi un callejón sin salida: se llama Impasse Vital. Me pareció un símbolo.  Haití es una advertencia, una distopía, la antiutopía del peor de los futuros posibles del mundo. Me imagino que un general que se apunta a Podemos no lo hace precisamente por ilusión  utópica, sino por decencia,  como un gesto de resistencia ante las catástrofes posibles. Esto me merece un gran respeto.

* Julio Rodríguez y Miquel Iceta son dos tipos completamente diferentes desde casi todos los puntos de vista. Pero tienen algo en común: se les ve felices. Los hombres y mujeres que se dedican a la política suelen sonreír de manera permanente (a veces con “sonrisas de sacarina“, dijo alguien), pero en la mayoría de los casos cabe suponer que la procesión va por dentro. En cambio, esos dos parecen cómodos en su piel, de una manera natural y espontánea, sin que se aprecie ni asomo de comedia. No es  habitual. Más bien diría que es un bien escaso. Pues bien, todo parece indicar que tanto el ex militar de Podemos como el líder del PSC  son gente feliz. ¡Qué suerte, si es cierto! Antoni Puigverd, hablando de Iceta, es de mi misma opinión: “Pocas personas consiguen ser felices sin odiar a otra persona, partido o nación. Miquel Iceta es una de ellas “.

*    Hay  gente que, dedicándose a la política, sufre considerablemente. Una vez leí una entrevista a Michel Rocard, que fue primer ministro francés (con Mitterrand de presidente) donde decía que  jamás recomendaría a sus hijos que hicieran política. Meses después, en Paris, me tocó cenar al lado de su esposa de entonces, que creo que era psicoanalista. No pude evitar preguntarle sobre aquella opinión de su marido. ¡Naturalmente!“, me dijo, “¡No puedes ni imaginarte las cosas que le han llegado a hacer!“. Sí que me lo puedo imaginar, pero creo que este tipo de quejas son excesivas. La acción política da disgustos y satisfacciones, pero sobre todo ¡cuánta adrenalina! Y también hay algo más (los revolucionarios norteamericanos del XVIII lo llamaban “felicidad pública“), que puede tenerse en cuenta.

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