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Raimon Obiols: La decisión de no decidir

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Han pasado cuarenta años  desde el secuestro y asesinato de Aldo Moro, líder de la Democracia Cristiana italiana,  que había sido en cinco ocasiones  presidente del Consejo de Ministros, e impulsaba en aquella época una apertura al PCI (el llamado compromesso storico).  El 16 de marzo de 1978, dia de la presentación de un nuevo  gobierno presidido por Giulio Andreotti, un grupo armado de les Brigadas Rojas interceptó  el coche de Moro, mató en cuestión de segundos a los cinco hombres de su escolta, y lo secuestró.

En aquellas fechas Ernest Lluch y yo nos sentábamos en escaños contiguos en el Congreso, y hablamos a menudo del tema,  durante aquellos 55 días que concluyeron trágicamente con el asesinato del líder demócratacristiano. Ernest seguía minuciosamente  las tensas discusiones italianas de aquellas angustiosas semanas. Tomó claramente partido a favor de los partidarios de negociar con las Brigadas Rojas y criticaba  la inflexibilidad de los que esgrimían las “razones de Estado” para no  ceder a ninguna intermediación. Es una discusión que aún continúa.

Durante décadas se ha debatido sobre aquel terrible dilema, y también sobre qué había en realidad detrás de  aquel crímen. Es cierto que los autores materiales de los asesinatos de Aldo Moro y los cinco hombres de su escolta acabaron detenidos, procesados y condenados. Pero lo que los  italianos denominan “dietrologia” ha tenido  un amplio terreno de juego con el caso Moro.

Dietrologia”:  gran palabra, sin traducción en castellano, creo. Se podria definir como la tendencia a desconfiar de les apariencias y  explicaciones oficiales de los hechos de la vida pública y a atribuirles, en cambio,  causas diferentes, ocultas o secretas. La superfície no sería la realidad: la verdad se hallaría  detrás, “dietro”. Hoy, com acostumbra a suceder con los magnicidios (véanse les toneladas escritas sobre el asesinato de Kennedy), hay acumulada una extensísima literatura sobre el caso Moro, desde libros de Sciascia hasta decenas de  interpretaciones e informaciones, verificadas o no, pasando por diversas teorías conspirativas. Se hace prácticamente imposible aclarar las cosas del todo (los interesados pueden encontrar una amplia relación en la entrada “Caso Moro” de la Wikipedia  italiana).

Por ello he leído con mucho interés la  larga entrevista de Ezio Mauro a Giovanni Moro, que tenía 19 años cuando  mataron a su padre. Estoy seguro de que Ernest la habría leído y releído del derecho y del revés. Es un buen balance y  una ponderada reflexión, a cuaranta años vista de aquella tragedia de Estado que para Giovanni Moro fue una tragedia personal. Recomiendo la entrevista y quiero mencionar dos fragmentosaspectos de la misma que me han interesado muchísimo.

En primer lugar, Giovanni Moro no cae en ninguna “dietrologia” conspirativa pero  señala una evidencia. A la pregunta “Usted piensa que hubo interferencias extranjeras, teniendo en cuenta la tentativa de Moro de superar los límites de Yalta?Giovanni Moro responde: “P ara contestar debe recordarse qué  era Italia entonces, en el centro del Mediterráneo, confinando con  el Pacto de Varsovia y con el partido comunista más fuerte de todo Occidente. ¿Alguien puede pensar que los servicios, de todos  los  países, se quedaran cruzados de brazos?”

En segundo lugar, en un momento de la entrevista, Moro hace una interesante reflexión, muy actual, sobre lo que llama la “decisión de no decidir”:

Moro: “Es preciso entender por qué durante aquellos 55 días cayó una especie de hechizo, en el que sucedieron cosas que nunca habrían sucedido en una situación normal.”

Ezio Mauro: “¿Qué quiere decir?
M: “¿Tiene presente el concepto de no decisióm?
P: “¿Qué es, lel inmovilismo?
M: “No. Es una opción precisa. Cuando un sistema político no quiere gestionar un problema, establece un sistema de valores, ritos, procedimientos, actores, que tienen por objectivo no tomar ninguna decisión. És la decisión de no decidir”.
P: “¿Vale ésto para el caso Moro?
M: “Creo que sí. La ‘no decisión’ llevaba, en este caso, por un lado a no emprender ninguna negociación con los secuestradores, y por el otro a no tratar de capturarlos”.

 

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