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Raimon Obiols: Pedagogía carcelaria, contra la ley de Murphy, producción y consumo de política

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PEDAGOGIA CARCELARIA

 *   Ana Rosa Quintana triunfó ayer en Telecinco: “Con la exclusiva que tenemos hoy, el “procés” ha muerto“. Que la exclusiva fue un éxito del copón nadie puede discutirlo. Pero su efecto presuntamente definitivo y letal es mucho más cuestionable.  Aunque de momento es una impresión bastante generalizada. Pedro Vallín, en La Vanguardia, hace hoy un repaso de la prensa europea: “”Se ha acabado’ en inglés, en francés, en italiano y en flamenco: la prensa europea ha dado por asumida la derrota de Puigdemont“. 

*    ¿Se ha acabado? No creo. Entre otras cosas porque no se vislumbra un resultado con claros vencedores, aunque algunos alardeen de ello. Como la señora Cayetana Alvarez de Toledo, por ejemplo,  que ha escrito este tweet: “Se confirma el valor pedagógico de la cárcel“.

*    El valor pedagógico de la cárcel…   Yo sé algo de esto. En la biblioteca de la cárcel Modelo de Barcelona, donde pasé alguna temporada,  había en la pared esta memorable consigna dirigida a los presos: «Ha aguzado tu lengua el despecho ¡Cállate!».

*    No me gustan los recuerdos imprecisos, y este no lo es, en absoluto. Pero tengo dudas sobre un detalle.  ¿Se leía “aguzado“? ¿O era «azuzado»? ¿O «afilado»? No lo recuerdo, pero  el sentido y la mala leche de aquella consigna mural no cambian ni un ápice con estas variantes. Era una exhibición involuntaria del tipo de poder  que la hizo pintar; de su resentimiento ante la lengua de los presos,  más aguda y afilada que la de sus carceleros.

 *    A mí me parece que la situación actual es una derrota de todos y que para hallar un camino de salida no valen ni los alardes de victoria ni los correctivos de ergástulo, ni la pedagogía de maestro de palmeta. La letra con sangre no entra.

 

CONTRA LA LEY DE MURPHY

 *     Ante el panorama actual, ¿quién puede ser optimista?  Te viene a la mente la “Ley de Murphy” ( “Si algo puede salir mal, saldrá mal“). Incluso lo que dijo alguien: “Murphy era un optimista“.

*    La “Ley de Murphy” ha dado orígen a muchos corolarios. El que me parece más sugestivo es el siguiente: “Si un experimento funciona, es que algo se habrá hecho mal“. A primera vista, parece de un fatalismo sin sombra de esperanza. Pero, pensándolo más, puede decirse que, por lo menos en el campo de la política, dice una verdad. Algunos buenos experimentos políticos han podido funcionar precisamente porque, antes de su puesta en marcha, las cosas se habían hecho rematadamente mal.

*    La construcción de la Unión Europea es un ejemplo. Funcionó porqué en Europa las cosas no sólo se habían hecho mal sino de una manera espantosa, con guerras mundiales incluidas. La transición democrática española es otro  experimento que funcionó por razones similares. Podría decirse que funcionaron porque “no había otro remedio“.

*    Si esto es cierto, tal vez se puede discrepar de Murphy y vislumbrar algún atisbo de esperanza. De dos premisas, en todo caso, ya disponemos: 1) en la crisis CataluñaEspaña, las cosas se han hecho muy mal, por activa y por pasiva, a una y otra orilla; y 2) el resultado es pésimo para todos: nadie gana y todos perdemos. Quizás esto pueda hacer posible un camino de solución que, como se repite hasta la saciedad, solo puede venir de la política.

 

PRODUCCION Y CONSUMO DE POLITICA

Se habla de política (en los medios, en las redes, en la sociedad) con una emotividad que  no habíamos visto en mucho tiempo. Pero de política real, efectiva, se hace muy poca. Es como si el estilo Rajoy hubiera contagiado al conjunto. Hay un déficit general de producción de política, porque los políticos y los partidos tienden más a consumirla que a producirla.

Es conocida la distinción clásica, entre “vivir de la política” y “vivir para la política“. Quizás otra distinción puede iluminar el panorama actual. Políticos y partidos consumen política (ocupando espacios y cargos en las instituciones y administraciones) y/o producen política (generando ideas, programas, acción).

El problema se plantea cuando los políticos y los partidos consumen más política de la que son capaces de producir. En su tiempo, Churchill ya se quejaba: “El problema de nuestra época es que los políticos no quieren ser útiles sino importantes“.

Los partidos tienden a externalizar la producción. En el mejor de los casos, en think tanks; en general en agencias de comunicación y de management de redes.  O en el líder mediático de turno, en el caso de que se encuentre. No abundan, pero cuando surgen se elevan y se desploman con celeridad. No es extraño, en estas circunstancias, que la política vaya convirtiéndose en una sucesión de promesas fallidas y que los dos motores que la alimentan sean cada vez más la indignación (las indignaciones múltiples) y la identidad (las identidades contrastadas). Cuando la política se reduce a estímulo de emociones sin programas, a explotación de sentimientos sin acción  efectiva, a consumo  y no a  producción, es lógico que aumenten los resentimientos.

 

 

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