lamirada.eu

Raimon Obiols: Sobre la estupidez inteligente

Disminuir tamaño de fuente Aumentar tamaño de fuente Mida del text Imprimeix aquesta pàgina

El 11 de marzo de 1937Robert Musil dio una conferencia en Viena, y la tituló “Sobre la estupidez”.

El tema le interesaba desde  años atrás. Según Musil, la principal causa del declive y del eventual colapso de las sociedades era la estupidez, un fenomeno complejo y muy poco estudiado, que no podía reducirse a una simple limitación o insuficiencia de la capacidad o de la comprensión.

A partir de esta constatación, Musil reconocia sus límites: “Confieso de entrada mi talón de Aquiles: no sé qué es la estupidez. No he descubierto ninguna teoría sobre la misma que pueda salvar el mundo, De hecho, ni siquiera he realizado ninguna investigación que tuviera la estupidez como tema, ni he podido hallar ningún tipo de consenso que, para bien o para mal, pueda vincular unívocamente un hecho determinado a la noción de estupidez “.

Decía Musil que existen, cuando menos, dos tipos de estupidez. Por un lado está la estupidez noble, franca y honesta: la de los cortos de entendederas. Pero, por otro, hay un segundo tipo de estupidez que, sorprendentemente, puede aparecer incluso en personas de gran inteligencia. Este tipo de estupidez muestra una gran variedad de posibles desviaciones intelectuales y espirituales que frustran y desvían a estas personas, llevándolas a pensar, decir y hacer cosas que no pueden sino calificarse, como mínimo, de estúpidas. En este campo, las posibilidades son ilimitadas: el hombre puede ser tan inventivo e imaginativo con respecto a la estupidez como en materias ligadas a la razón, la sabiduría e incluso al genio. (De hecho, Musil veía al hombre como un ser “líquido“, maleable – y manipulable – en unos márgenes que iban “del canibalismo a la ‘Crítica de la razón pura'”).

Así, gente capaz de sobresalir y triunfar en la mayor parte de sus asuntos, con respecto a determinados aspectos particulares puede llegar a la catástrofe (a la suya y la de los demás). Por ello, este segundo tipo de estupidez era de lejos, por el profético Musil de 1937, el más peligroso.

Decir esto en la Viena de 1937, exactamente un año antes de la anexión de Austria al Tercer Reich y de la entrada triunfal de Hitler en la ciudad, era un gesto a la vez pertinente e insensato. Con una mirada crítica, ocho décadas después, puede verse como una mezcla de audaz clarividencia y de temeridad al límite de la estupidez (Musil dijo, en aquella conferencia, que ponunció en dos semanas consecutivas, ante un público no demasiado numeroso, que su vida había estado estrechamente ligada a la estupidez).

Cuando llegó el Anchluss, los libros de Musil fueron prohibidos. Su mujer era judía. Huyeron a Suiza, donde el escritor murió, en 1942, sin haber terminado su gran novela, “El hombre sin atributos“. Sus cenizas se esparcieron por el monte Salève de Ginebra.

El combate contra la estupidez, decía Musil, es muy desigual: “En pocas palabra: no hay  gran idea de que la estupidez no pueda utilizar para sus propios intereses, moviéndola en todas las direcciones posibles y disfrazándola de verdad. La verdad, en cambio, tiene una única apariencia y un solo camino, y por lo tanto se encuentra siempre en desventaja“.

P. S. – Musil separaba claramente la estupidez real de la simulada, que consideraba una respetable arma defensiva utilizada por los débiles y vulnerables (campesinos, obreros, criados, niños, etc.) frente a los poderosos. De manera habitual, llamamos a ésto   “hacerse el tonto“.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *