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Rainbow Murray: ¿Las mujeres representan a las mujeres?

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¿Las mujeres representan a las mujeres? Es una pregunta razonable. Uno de los argumentos para explicar por qué necesitamos más mujeres en la política es mejorar la representación de las ciudadanas, por lo que damos por sentado que las mujeres serán las mejores representantes de las otras mujeres. ¿Se confirma esto en la práctica? Y si a veces no funciona, ¿por qué no y qué importancia tiene?

Al preguntarnos si las mujeres representan a las mujeres, tenemos que entender lo que realmente significa. A las mujeres no les importan las mismas cosas, y evidentemente no todas sienten lo mismo sobre los mismos problemas. Pero en un mundo donde las mujeres se enfrentan a tantas injusticias, desde el acoso sexual a la pobreza de las pensiones, no es  difícil identificar causas comunes. Y recae entonces en las mujeres políticas la responsabilidad de  defender a las mujeres en esos temas.


Hacer lo que se dice

Los estudios existentes indican claramente que las mujeres políticas realmente se ocupan de las mujeres. En el Reino Unido, las  parlamentarias han marcado el camino en temas que van desde el permiso parental hasta el salario y las condiciones laborales. En Francia, las mujeres son mucho más propensas que los hombres a atraer la atención sobre los derechos de las mujeres. En Argentina, las mujeres han introducido perspectivas distintivas en los debates parlamentarios sobre cuestiones como la salud sexual y reproductiva de las mujeres, mientras que en Australia las mujeres han cruzado las líneas del partido para defender el derecho de la mujer a elegir  abortar.

Lo contrario también es cierto: los hombres a menudo son pobres defensores de los derechos de las mujeres. Eso no siempre es el caso, por supuesto. Algunos líderes masculinos, como José Luis Rodríguez Zapatero en España, o Justin Trudeau en Canadá, han promovido la igualdad de género en sus gabinetes y se han identificado como feministas. Pero también hay una amplia evidencia de que cuando las mujeres no son parte del proceso de toma de decisiones, sus necesidades son pasadas por alto, incomprendidas, y algunas veces incluso suprimidas.

La administración dominada por hombres de Donald Trump ha introducido una serie de leyes que erosionan los recursos y  libertades de las mujeres. Esto incluye la reinstauración de la regla “global gag“, que elimina los fondos  para cualquier agencia de ayuda que tenga algún vínculo con el aborto, y una orden ejecutiva que revoca medidas para proteger el lugar de trabajo y la igualdad salarial. El primer ministro británico David Cameron y sus compinches masculinos supervisaron  recortes de austeridad que afectaban desproporcionadamente a las mujeres. Las leyes opresivas que restringen las libertades de las mujeres en Arabia Saudita se tomaron en ausencia total de representantes femeninas.

Por lo tanto, parece claro que las mujeres son la mejor opción para representar a las mujeres. Pero al analizar las experiencias de las mujeres en este campo, hay tres precauciones importantes a tener en cuenta.

No todas las mujeres son feministas

La primera precaución es que no debemos confundir el hecho de ser mujer con ser feminista. No todas las mujeres son feministas, y no todo el  feminismo es feminino. Por ejemplo, algunas mujeres creen firmemente que las mujeres deberían  quedarse en casa para criar a sus hijos, y que el aborto debería ser ilegal. De manera similar, algunos hombres han sido defensores  efectivos y apasionados de la igualdad de género. Las mujeres de todo el espectro político tienden a ser más feministas que los hombres,  pero no podemos dar por supuesto que alguien será un campeón de los derechos de las mujeres solo porque sea mujer.

La segunda precaución es que no debemos poner toda la carga de representar a las mujeres en los hombros de las mujeres. Hacerlo supone dos peligros. En primer lugar, nos arriesgamos a obligar a las mujeres a centrarse en los llamados “problemas de la mujer” cuando sus verdaderos intereses pueden estar en otra parte. Los hombres no se enfrentan a ninguna restricción de este tipo, y no es justo imponer esa carga a las mujeres.

En segundo lugar, no debemos exonerar a los hombres de asumir la responsabilidad de la igualdad de género. Existe una creciente evidencia de que una sociedad con mayor igualdad de género es beneficiosa tanto para los hombres como para las mujeres. Y la mayoría de las ciudadanas están representadas por un político varón, por lo que los hombres deben  defender sus derechos.

La tercera precaución, y tal vez la más importante, es que las mujeres no siempre pueden actuar a favor  las mujeres, incluso si realmente lo desean. La mayoría de las mujeres políticas pertenecen a partidos y parlamentos fuertemente dominados por los hombres. En pocas palabras: las mujeres son superadas en número y vencidas. También pueden ser contenidas por culturas políticas que disminuyen sus puntos de vista y silencian sus voces.

En algunos parlamentos, las mujeres se usan como fichas, pero se les niega toda influencia o poder. Incluso en las democracias establecidas, las recientes revelaciones #MeToo sobre el acoso sexual muestran cómo los hombres ejercen dominio sobre las mujeres. Estar en minoría no es fácil y puede hacer mucho más difícil hacer las cosas.

Cuando las mujeres son superadas en número, es más fácil ignorar o ahogar su contribución. La organización de la política según las líneas del partido reduce aún más las oportunidades para que las mujeres trabajen juntas y colaboren. Se espera que las mujeres, como los hombres, sigan la línea del partido. Incluso los partidos con niveles relativamente altos de feminización a menudo son dominados por hombres en la parte superior de la jerarquía.


¿El p
artido antes de la política?

Cuando los líderes masculinos imponen políticas que son desfavorables para las mujeres, puede ser muy difícil para las mujeres hacer visible su diferencia. Un ejemplo destacado fue cuando  parlamentarias laboristas británicas fueron vilipendiadas por apoyar la decisión de su partido de recortar los beneficios de los padres solteros, un recorte con un impacto enormemente desproporcionado para las mujeres.

Lo que los críticos de estas mujeres no vieron fueron sus esfuerzos por influir en la decisión detrás del telón. Las  parlamentarias explicaron luego que habían presionado fuertemente contra esta política. Pero cuando llegó la votación final, no tenían los números para revocar la ley.

Si las mujeres votan en contra de su partido por una política que igualmente se promulgará,  lo que están haciendo es desperdiciar su capital político y su posibilidad de ascender en el partido. Esto poco sirve a su causa. En casos como estos, la negociación a puerta cerrada es menos visible, pero potencialmente mucho más fructífera que una rebelión a cara descubierta. Pero las victorias logradas a través de esos canales secundarios son invisibles, mientras que la votación a favor de las líneas del partido es  pública. Así que culpamos a las mujeres por aceptar lo que no pueden cambiar, ignorando  sus esfuerzos por cambiar lo que no pueden aceptar.

Restricciones similares se aplican a las mujeres líderes. Hay tan pocas mujeres que alcanzan la cima de la política que las que lo hacen están sometidas a intenso escrutinio. Deben librar muchas batallas a la vez, y la igualdad de género puede no ser su prioridad.

Margaret Thatcher, por ejemplo, tuvo que luchar para afirmarse en un mundo muy dominado por hombres y no estaba interesada en gastar su capital político en causas que no reflejaban su propia visión del mundo. Angela Merkel ha sido más proactiva en el nombramiento de asesoras y ministras, pero  es más conocida por su enfoque en política económica y asuntos internacionales, como la mayoría de los demás líderes mundiales. Las mujeres no deben tener estándares más altos exigiendo que hagan más que sus contrapartes masculinos.

Es decir que debemos ser razonables en nuestras expectativas sobre las mujeres políticas. En general, son defensoras más eficaces de las mujeres cuando tienen la oportunidad. Pero operan bajo una serie de restricciones y también se enfrentan a una carga de expectativas que no se aplica a los hombres. Defender los derechos de las mujeres no siempre es posible y cuando se hace puede pasar desapercibido. Cuando las mujeres luchan por sus derechos, la respuesta no debe ser abandonar a  sus mujeres representantes, sino elegir un número mayor,  para que puedan tener una voz verdaderamente igual en política.
*   Rainbow Murray (@rainbowmurray) es experta en políticas de género, representación e instituciones políticas. Es profesora en Queen Mary, Universidad de Londres.

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