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Thomas Piketty: 2018, el año de Europa

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Diez años después de la crisis financiera, ¿verá el año 2018 un salto adelante en Europa? Varios factores apoyan esta previsión, pero el resultado no puede darse por  descontado ni mucho menos.

La crisis de 2008, que desencadenó la recesión mundial más aguda desde la crisis de 1929, se originó claramente por las debilidades cada vez más evidentes del sistema estadounidense: desregulación excesiva, explosión de las desigualdades, endeudamiento de los más pobres. Con el apoyo de su modelo de desarrollo, más igualitario e inclusivo, Europa podría haber aprovechado la oportunidad para promover un mejor sistema de regulación del capitalismo global. Sin embargo, la falta de confianza entre los miembros de la Unión Europea, confinada en reglas rígidas aplicadas de manera inapropiada, los llevó a provocar una recesión adicional en 2011-2013 de la que sólo ahora se están recuperando.

La llegada al poder de Trump en 2017 es indicativa de otras deficiencias considerables en el modelo estadounidense. Esto estimula la demanda de Europa, sobre todo porque el desarrollo de los modelos alternativos (China, Rusia) no es tranquilizador, es lo menos que se puede decir.

Sin embargo, para dar respuesta a estas expectativas, Europa deberá superar numerosos retos. Para empezar, un reto general: la deriva global hacia la desigualdad. Europa no tranquilizará a sus ciudadanos diciéndoles simplemente que están mejor que la gente en los Estados Unidos o Brasil. La desigualdad está aumentando en todos los países, alentada por una competencia fiscal exacerbada a favor de los más móviles, y Europa sigue alimentando el incendio. El riesgo de aislacionismo cultural y de convertirse en chivo expiatorio solo será superado si logramos ofrecer a las clases trabajadoras y a las generaciones más jóvenes una estrategia genuina para reducir la desigualdad e invertir en el futuro.

El segundo reto es la división norte-sur, que se ha profundizado dramáticamente en la zona del euro y que se basa en versiones contradictorias de los hechos. En Alemania y en Francia, la gente sigue pensando que la UE ayudó a los griegos ya que les prestó dinero a una tasa de interés más baja que la que tendrían que pagar en los mercados financieros, pero más alta que la pagada por la UE para obtener préstamos en estos mismos mercados. En Grecia la versión es bastante diferente: lo ven como un gran negocio financiero. La verdad es que la purga impuesta a los países de la Europa del Sur, con sus dramáticas consecuencias secesionistas en Cataluña, es el resultado directo de una visión  franco-alemana egocéntrica y miope.

El tercer reto es la división Este-Oeste. En París, Berlín o Bruselas, la gente no pueden comprender la falta de gratitud de países que se han beneficiado de grandes transferencias públicas. Pero en Varsovia o en Praga, los hechos se interpretan de manera bastante diferente. Señalan que la tasa de retorno de la inversión privada de Occidente era alta y que los flujos de beneficios pagados hoy a los propietarios de las empresas excede con creces las transferencias europeas que iban en la otra dirección.

De hecho, si examinamos las cifras, tienen su razón. Después del colapso del comunismo, los inversores occidentales (especialmente los alemanes) se han convertido gradualmente en los propietarios de una parte considerable del capital de los países del este de Europa. Equivale aproximadamente a una cuarta parte si consideramos el stock completo de capital fijo (incluida la vivienda), y a más de la mitad si nos limitamos a la propiedad de las empresas (y aún más de las grandes empresas). La investigación de Filip Novokmet ha demostrado que si la desigualdad no ha aumentado tanto en Europa del Este como en Rusia o Estados Unidos, es simplemente porque una parte considerable de los ingresos más altos del capital de Europa del Este se pagan en el extranjero (lo que se parece a lo que sucedía antes del  comunismo, cuando los dueños del capital ya eran alemanes o franceses y, a veces, austriacos o del Imperio Otomano).

Entre 2010 y 2016, la salida anual de beneficios e ingresos de la propiedad (neta de las entradas correspondientes) representó en promedio el 4,7% del producto interno bruto en Polonia, el 7,2% en Hungría, el 7,6% en la República Checa y el 4,2% en Eslovaquia, reduciendo en la misma proporción el ingreso nacional de estos países.


En comparación, durante el mismo período, las transferencias netas anuales de la Unión Europea, es decir, la diferencia entre la totalidad del gasto recibido y las contribuciones pagadas al presupuesto de la UE, fueron significativamente inferiores: el 2,7% del PIB en Polonia, 4,0 % en Hungría, 1,9% en la República Checa y 2,2% en Eslovaquia (como recordatorio: Francia, Alemania y el Reino Unido son contribuyentes netos al presupuesto de la UE por un importe equivalente al 0,3% – 0,4% de su PIB).

Por supuesto, se podría argumentar razonablemente que la inversión occidental ha permitido que la productividad de las economías en cuestión aumentara y, por lo tanto, todos se beneficiaron. Pero los líderes de Europa del Este nunca pierden la oportunidad de recordar que los inversores aprovechan su posición de fuerza para mantener bajos los salarios y obtener márgenes excesivos (véase, por ejemplo, esta reciente entrevista con el primer ministro checo).

De la misma manera que con Grecia, los principales poderes económicas tienden a considerar la desigualdad como algo natural. Trabajan con el supuesto de que el mercado y la “libre competencia” contribuyen a una distribución equitativa de la riqueza y consideran las transferencias resultantes de este equilibrio “natural” como un acto de generosidad por parte de los ganadores del sistema. En realidad, las relaciones de propiedad son siempre complejas, en particular dentro de comunidades políticas a gran escala como la UE, y no pueden ser reguladas únicamente por la buena voluntad del mercado.

Estas contradicciones solo pueden resolverse mediante una “refundación” intelectual y política a gran escala de las instituciones europeas,  a la par de su genuina democratización. Esperemos que el año 2018 signifique un paso adelante.

Todos los cómputos y fuentes de datos utilizados para las cifras sobre los flujos de ingresos de la propiedad y las transferencias europeas en Europa del Este están disponibles aquí. Para profundizar, ver la tesis de Filip Novokmet, «Between communism and capitalism. Essays on the evolution of income and wealth inequality in Eastern Europe 1890-2015 (Czech Republic, Poland, Bulgaria, Croatia, Slovenia, Russia) » (2017). Ver también este artículo sobre Polonia, y este otro sobre Rusia.

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